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Ritual para curar penas de amor

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De repente, quedamos solos y sufri­mos. La pena de amor parece ser la peor tristeza, la más solitaria. Y tal vez, para algunos, la más dolorosa. Entonces pensamos que no hay remedio ni alivio para la angustia ocasionada por el alejamiento del ser que amábamos.

¿Venganza?

A veces pensamos en la ven­ganza, en hacer sufrir al otro tanto o más de lo que estamos sufriendo nosotros. Pero esa no es la forma de solucionar el problema: el mal que hacemos puede volver a nuestras vidas. Otras veces, pen­samos sin consuelo en el regreso de la persona querida y ese pensamiento se convierte en nuestro único alimento, constante, obsesivo.

Pero detengámonos a pensar por un momento, en forma real y objetiva. Meditemos sinceramente acerca de los moti­vos de la separación y escuchemos el mensaje de nuestro cuerpo que tiene su propia memoria, es sabio y no puede mentir. ¿Qué es lo que tu cuerpo echa de menos? ¿Lo hace por costumbre o por verdadero amor?

Lo principal, si realmente queremos que regrese, es ser sinceros con nosotros mismos. Si queremos que él o ella vuel­van por capricho, por necedad, entonces actuamos de manera egoísta y esto sólo traerá negatividad a nuestra vida.

Lo im­portante es saber con absoluta certeza que la relación puede seguir adelante efectivamente. En este caso, sí necesita­mos que regrese ese amor. Piénsalo mu­cho. Y si hay seguridad, y no ganas de venganza o de revancha, actúa.

Procedimiento

Primero: Prepara una infusión de man­zanilla, boldo o tilo. Bébela por la noche en forma lenta y pausada. No pienses en venganzas. Sólo ocúpate de relajar tu cuerpo y meditar en aquello que sea me­jor para ti.

Segundo: Concéntrese en lo que más le gustaba de la persona amada. No sienta temor, nostalgia ni angustia por alguna de las imágenes que aparezcan en su mente.

Tercero: Toma una ducha. Luego, realiza un baño de inmersión al que colocarás pétalos de alguna flor. Ésto en­cierra una simbología muy particular. Cualquier flor será útil para nuestro propósito, preferiblemente si se trata de una de color claro. El ideal es un heliotropo.

Cuarto: A la salida del baño, trata de verte envuelto en una sábana verde que te cubra de los pies a la cabeza. Así protegido, introdúcete en tu cama. Trata de no pensar en tu amor.

Quinto: Al tercer día, proponga un en­cuentro con tu ex-pareja. Las cosas estarán jugadas. Colócate unas gotas de agua de rosas en el cuello y en las muñecas. Debes ser honesto: di la verdad, di todo lo que realmente sientes. Con los pétalos de la misma clase de flor que usaste para bañarte, prepárale un té.

Una vez llevado a cabo este ritual, puede ocurrir que existan probabilidades de reanudar la relación o bien, que nos demos cuenta de que hemos puesto el punto final a la controversia. Si se tratase del primero de los casos, trata de plantear juntamente con su pareja los cambios ne­cesarios para que la relación crezca sana y se fortifique, si realmente ambos de­sean continuar con ella.

Si por el contrario, no recuperas el amor perdido, no pienses en la inefectivi­dad de lo que has hecho ni te desesperes: simplemente quiere decir que ese amor no era para ti. Pero, por ahora, por lo menos estarás preparado para conocer a otra persona. Recuerda, sin resentimien­tos de ninguna clase, que lo mejor de la vida es lo que viene, no lo que fue.