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Plantas que usaban las brujas en antaño

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Si se hubieran estudiado con más de­tenimiento las artes y prácticas de las brujas, se habría dado verdadera importancia a las propiedades y aplicaciones de las cuatro plantas más empleadas por ellas: belladona, beleño, mandrágora y estramonio.

La composición quími­ca de estas plantas es similar: todas con­tienen alesloides, atropina, escopolamina e hiosciamina, en diferentes cantida­des según las plantas, la época de reco­gida, las distintas partes de la planta y los factores climáticos.

Los efectos de estas plantas relatadas por las brujas, pueden deducirse de lo que hoy conocemos farmacológicamente.

Ungüentos adormecedores

Con las raíces de estas plantas se pre­paraban ungüentos adormecedores y que con ello mitigaban el dolor.

Con un compuesto de hierbas como la cicuta, el solavo, el beleño y la mandrágora, utilizado de acuerdo con determina­das proporciones, se untaba a las perso­nas que sufrían de insomnio o que esta­ban alteradas mentalmente y se lograba, así, hacerlas caer en un profundo sueño que, al igual que una actual cura de sue­ño, podía durar de 36 a 48 horas.

De este profundo sueño, se les traía de regreso a los pacientes friccionándoles las extremi­dades con perfusiones de aceite de eufobio o encendiendo sahumerios y hacién­doles inhalar dilectamente su humo.

Anestesia

En las operaciones nos cuentan que se usaban para anestesiar al paciente, infu­siones de semillas y flores de estramonio. Estos usos se registran, sobre todo, en las crónicas de los incas.

En el Viejo Mundo disponían, en cambio, de espon­jas soporíferas. Estas esponjas estaban impregnadas en beleño, aceite de mandrágora, opio y cáñamo índico, expues­tos al sol para secar y guardar.

En el momento de usar, las esponjas así pre­paradas se mojaban en agua y se aplica­ban a la nariz del paciente. En Alejan­dría, los médicos utilizaban la mandrágora como anestésico, pero ellos atribuían este poder a la acción del alcohol, pues recomendaban que fuera macerada en vino para surtir el efecto deseado.

Para conciliar el sueño

Otro de los interesantes secretos de las brujas de antaño es que solían susti­tuir el relleno de las almohadas por ho­jas de beleño, para que las colocaran de­bajo de sus cabezas todos aquellos que estuvieran sumamente estresados y no pudieran conciliar el sueño.

Estas pro­piedades del beleño debieron salir del ámbito científico y del aquelarre y al­canzar al pueblo, pues se cuenta que en el Medievo, en los baños públicos, las gitanas echaban sobre las aguas simien­tes de beleño.

Los ricos bañistas queda­ban atontados y eran desprovistos de sus pertenencias, sin notarlo.

De allí que un refranero dijera:

«Al que come beleño, no le faltará el sueño».