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Cómo superar y sanar la soledad con magia y control mental

vencer la soledad

Estar solos puede ser algo positivo en determinados momentos de la vida. La soledad nos ayuda a encontrar un camino propio, libre de influencias y exi­gencias externas. Nos permite establecer contacto con nuestra parte más íntima y con esos secretos que nunca le revelamos a nadie.

Es buena consejera en el mo­mento de tomar decisiones funda­mentales y a menudo es la única oportunidad que tenemos para qui­tarnos la máscara del rol que cum­plimos todos los días.

Pero también es muy importante saber volver de la soledad. Es más que frecuente ver gente solitaria que no eligió ese destino. Podemos pensar que la vida se los impuso o que se sintieron engañados por la gente y entonces se aislaron.

Podemos pensar en mil excusas. Pe­ro debemos ser conscientes de la responsabilidad que cada uno de noso­tros tiene por la historia personal que lleva a cuestas. Cómo superar y sanar la soledad con magia y control mental:

Aislamiento forzoso

Desde pequeños fuimos educados para rechazar a las personas que no pertenecieran a nuestra familia o a nuestra misma condición social, o que no tuvieran el mismo nivel cul­tural que nosotros. Es así como, poco a poco, las oportunidades de ampliar nuestras relaciones fueron reduciéndose cada vez más.

Las creencias y las ense­ñanzas de nuestros mayores hicieron su parte con demasiada eficacia. Aprendimos a temer a los extraños, a no recibir sin dar algo a cambio y a competir por poseer más que los otros, dejándolos parados detrás de la línea del enemigo.

A algunos, además, también nos enseñaron que nadie era lo suficien­temente bueno, lindo, inteligente o millonario como para merecer nues­tra amistad y cariño.

O, por el contrario, que nosotros no éramos lo suficientemente buenos, lindos o…lo que sea. Entonces nadie podía querernos.

Con todos estos antecedentes, estar solos se convirtió en una costumbre necesaria, inclusive incuestionable: es así porque debe ser así. Hasta que un buen día (hoy, por ejemplo), decidimos tomar las riendas de nuestra vida.

No tenemos necesidad de ningún tipo de aislamiento forzoso. Manos a la obra!!, el trabajo co­menzó.

¿Qué pasó en el camino?

Las condiciones adversas por las que tanto hemos sufrido, hacen que en nues­tra vida se haya formado un círculo vi­cioso. Como consideramos que no me­recemos afecto, declaramos que no lo necesitamos.

Así, los posibles amigos o amores nos ven como a una persona inalcanzable, como alguien a quien es imposible acceder.

El primer paso en la tarea de vencer la soledad es bajarnos de ese pedestal autoimpuesto, derribando la muralla que hemos construido a nuestro alrededor.

Esta arrogancia tonta que hemos aprendido a dominar tan bien impide que podamos apreciar de verdad el mundo que nos rodea. A veces llegamos a pensar que nos veríamos ridículos si llamáramos por teléfono a un viejo ami­go con el pretexto de tomar un café o de ir a ver una película.

Y ni pensar en la vergüenza que podemos sentir si toma­mos la iniciativa de seducir a alguien que nos atrae.

Cuando éramos bebés recién venidos al mundo, teníamos una conciencia cla­ra de que nos merecíamos comida, lim­pieza y por sobre todo, amor. Y lo exi­gíamos. Si algo de esto nos era negado (mamadera, pañal limpio o mimos) nuestros alaridos se escuchaban en todo el vecindario.

Al pasar los años, perdi­mos el recuerdo de estos primeros tiem­pos. Si no nos daban lo que pedíamos, nos conformábamos con menos.

¿Qué pasó en el camino entre ser una persona perfecta, con conciencia de que se merecía lo mejor y este ser tímido y solitario de la actualidad?

Para descifrarlo, debemos encontrar en lo más profundo de nuestro ser las causas que nos impiden relacionarnos sanamen­te. Vamos a descubrirlo mediante un ejerci­cio con el que volveremos al pasado para enfrentar el problema desde la raíz, es decir, desde la infancia.

Este ejercicio se llama, Meditación para aprender a quererse.

Cuando crecemos…

En la adolescencia, estos mandatos continuaron actuando. Ya no solamente provenientes de la familia; ahora entran en juego los modelos sociales: si uno no pesa menos de tantos kilos nadie lo va a querer o si no se compra determinada ro­pa de moda…

Las presiones son tantas que la perso­na que no cumple con esos requisitos comienza a calmar su angustia en soledad. Claro, escondiéndose, evitando que lo conozcan, nadie podrá burlarse de él.

Vamos, comience ya a reparar tanto daño: busque una fotografía de su adolescencia y repita el ejercicio de Meditación para aprender a quererse. Fíjese cómo lo que en un momento de su vida pudo llevarlo a un encierro, hoy puede arrancarle una sonrisa. Recuerde los momentos clave de su adolescencia, converse con esa persona que era usted mismo hace unos años, aún está dentro de usted. Perdónele todo. Acepte la totalidad de sus actos. Ámelo.

Un elevado maestro de la metafísica, Saint Germain, fundamenta sus enseñanzas en la frase «Yo soy». Él nos dice que esta es la primera expresión de todo ser individual, en cualquier parte del Universo y en cualquiera de sus formas. Cuando alguien realiza esta afirmación se está reconociendo como parte de la Divinidad.

La metafísica fue la primera rama del esoterismo que reconoció el poder de las afirmaciones. Los pensamientos negati­vos son una especie de dinamita que des­truye el alma.

En cada uno de nosotros está la facultad de calificar, determinar u ordenar la forma en que queremos que actúe la energía de Dios. Tener la actitud mental de soledad, de aislamiento autoimpuesto, es ir en contra de las leyes Divinas, que están creadas para nuestra felicidad.

Yo soy

En su «Libro de Oro», Saint Germain enseña que nadie puede hacer las cosas por otro. Nosotros mismos debemos trabajar para mejorar cada día. Para poner en práctica estas enseñanzas, repita la 10 frase «Yo soy» todas las veces que lo recuerde, a lo largo del día.

Hágalo al entrar a su lugar de trabajo, a su casa, cuando visite a alguien y en cualquier situación. Aprenda a merecer. La frase «Yo soy» es un cable cósmico que nos conecta con la Divinidad Creadora. Nunca más podemos sentirnos solos si recurrimos a ella.

Otra parte importante de esta afirmación por excelencia, es que la energía que desprende es captada por todas las personas que se encuen­tran a nuestro alrededor. Esto vuelve a colocarnos en la posición perdida de ser alguien con quien vale la pena compar­tir algo más que las meras circunstan­cias.

Si concedemos la suficiente impor­tancia al trabajo interior con el «Yo soy» podemos comprobar que su acción es casi mágica.

Afirmaciones: Sanar la soledad

Una de las corrientes fundamentales en las terapias alternativas de la Nueva Era, es la que cura a través de la estimulación de la autoestima con afirmaciones. Con ellas no solamente se puede sanar el cuerpo físico, sino también la parte espi­ritual y emocional de cada uno.

Nuestra mente tiene la tendencia a comprobar todo lo que decimos y aquí reside, entre otras cosas, la importancia de un mensaje positivo.

Al practicar estas afirmaciones, intente jugar con las palabras, pronúncielas se­riamente pero con una sonrisa.

Soy una persona especial y los demás me quieren por eso.
Soy único y puedo lograr grandes cosas
Estoy abierto a conocer nueva gente, positiva para mi desarrollo personal, es­piritual y emocional.
Soy un hijo del Universo y por esto, to­dos sus dones me son concedidos.
Puedo aceptar a los que me rodean tal como son.
El destino, me tiene preparado un futuro con grandes cosas.
Me gusta estar con la gente, pues tengo una personalidad firme y segura.

A menudo, a pesar de tener una vida social activa, con amigos que nos acom­pañan y familiares cercanos con quienes estamos bien, nos sentimos solos por no tener una pareja a nuestro lado.

Por supuesto que esto es una parte im­portantísima en la vida de todo ser huma­no, pero para lograr una pareja firme, construida sobre bases sólidas, lo prime­ro que hay que afirmar es el amor a uno mismo.

El gran amor de mi vida

No basta con ser querido, sino que también hay que estar dispuesto a brindar amor sin exigencias. Por otra parte, el aceptar amor también es difícil para una persona solitaria.

A menudo ha construido barreras infranqueables, que la llevan a pensar que cada persona que se acerca a él tiene intenciones ocultas detrás de lo que aparenta.

Para ayudar al destino a poner el amor en su camino confeccione una lista con las virtudes que usted pretende encontrar en el otro. No insista con los rasgos físi­cos, pues esto es lo de menos. Una vez que tenga su lista hecha, practique usted mismo todo esto que desea del otro. Por una ley de afinidad, la persona indicada aparecerá casi mágicamente.

Una parte importante en la búsqueda del ser amado es cultivar el amor al cuer­po físico. No para tener la figura de un modelo de revista, sino para aprender a destacar los rasgos más sobresalientes de nuestra personalidad. No se olvide de que nuestro cuerpo nos fue dado por Dios y no cuidarlo es hacerle una ofensa.

Trabaje con las siguientes técnicas de aceptación del amor. Están basadas en la atracción de energías emanadas y re­cibidas: Ante un piropo educado, en vez de ruborizarse o pensar que es falso, acéptelo con agrade­cimiento. Si tiene cerca a alguien que realmente le gusta, no dude en decírselo. No perderá nada, pues ya ha trabajado con la pér­dida de la arrogancia.

Mírese al espejo y admírese de lo ma­ravilloso que se ve. Sí, tal vez está exce­dido de peso o su piel no sea tan tersa co­no la de otras personas… pero, ¿Quién tiene un cuerpo igual al suyo? De todas formas… puede realizar tratamientos para mejorar aquello que crea que no le agrada mucho. Todo tiene solución.

Vístase con mucho cariño y tomándose su tiempo antes de salir a la calle.

Meditación final

Usted puede utilizar cualquier método que elija para desterrar la soledad de su vida. Es más, le aconsejo que use to­dos los que le propongo. Pero para que den buen resultado, no deje de reali­zar esta meditación que es efectiva para abandonar todos los modelos de conduc­ta anteriores a su decisión de cambiar de vida.

Los hombres deben realizar este ejerci­cio visualizando dos muñecos y las mu­jeres, dos muñecas.

  1. Imagine una jaula que contiene al mu­ñeco más pequeño y al más grande. El primero representa el rol que le fue impuesto cuando era pequeño y el segundo, el que asume en su vida actual: lo que le decían que debía ser en la infancia y lo que se supone que debe ser ahora.
  2. Relaje bien su cuerpo y eleve una plegaria pidiendo ayuda para conectarse con su Conciencia Superior o su estado espiritual más elevado, el que tiene to­das las respuestas a sus preguntas.
  3. Cuando se sienta preparado, identifi­que el rol que cumple el muñeco más pequeño. En qué cosas lo está limitan­do. Pregúntese qué debe hacer para que deje de molestarlo.
  4. Cuando tenga la respuesta, haga lo mismo con el muñeco más grande.
  5. Destruya los muñecos de la forma in­dicada por su conciencia superior.
  6. Abra los ojos, con las respuestas aún resonando en sus oídos y con la con­ciencia de que se ha librado de un peso más en su camino hacia un estado espiritual más elevado de ser.

Finalmente…

Además de la magia personal que se enseñó a lo largo de este artículo, he aquí algunos secretos mágicos para ayudarse en su trabajo: Usar la magia a tu favor.